Heaven

Zadkiel se presentó ante el Consejo Celestial, una imponente puerta enmarcada en oro resplandeciente y adornada con exquisitos cristales.

La tensión lo embargaba, ¿obtendría la aprobación que buscaba?

Observó el vasto espacio, respiró hondo y sintió que lo estaban escudriñando.

Este momento era de suma importancia; había dedicado una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo a este plan.

¿Sería aprobada su misión por fin?

Humildemente, Zadkiel se acercó al trono y se arrodilló ante el Creador, esperando la luz verde divina para guiar a la humanidad hacia una conciencia superior y prevenir una tercera guerra mundial.

Presentó a cuatro Anunnakis, dispuestos a entregar sus espíritus inmortales para restaurar la paz y enmendar los antiguos errores de los sumerios.

Para renacer, debían superar capas de energía negativa.

A pesar de que algunos ángeles dudaban de sus posibilidades, se desató una animada discusión.

El voto final se emitiría cuando la séptima luna se elevara en lo alto del cielo.

Hoy era el día…